Los salarios de los diputados y la antipolítica

El aumento de la dieta de diputados produjo una multitud de críticas, especialmente fuertes desde los medios de comunicación hegemónicos, por reconocidos opinólogos opuestos al kircherismo. Por otro lado, no es necesaria ninguna encuesta para detectar que dichas críticas han encontrado buena aceptación en gran parte de la población.

Un típico exponente de estos (des)formadores de opinión, Nelson Castro, afirmó que

"La decisión (…) de disponer un aumento de la dieta de los legisladores en un 100% ha producido indignación.” (…) “ese aumento en un nivel que excede y por lejos a aquel a cuál están sometidos el resto de los pobladores. Las paritarias están todas en 20% y 25%. Uno hubiera entendido si se subían un 25%. Este 100% produce indignación”. Y corona: “uno entiende que un legislador debe ganar muy bien, también un maestro, un médico, un policía. Son todos funcionarios del Estado” (*).

 Similares afirmaciones podemos encontrarlas en el otro extremo del arco político. Por ej., el Frente de Izquierda en voz de su candidato a vicepresidente, Christian Castillo, dirigente del PST, cuestiona el aumento y afirma que “todo funcionario tiene que ganar lo mismo que un docente o un obrero”.

Es un escándalo; cualquier trabajador que vio la noticia se indignó profundamente, porque acá se le está diciendo que se le pone un techo salarial del 18%, o a lo sumo le dan el 24” “Quieren justificar salarios de entre 30 y 35.000 pesos que tiene una funcionalidad: un Parlamento con diputados que tienen esos ingresos es un Parlamento de personas (...) completamente alejadas de las condiciones de vida del pueblo trabajador (…) En la campaña electoral del Frente de Izquierda sostuvimos, y fue uno de nuestros spot, que cualquier funcionario político tenía que ganar lo mismo que un docente o un obrero metalúrgico especializado.” (**)

Pino Solanas cambió su tradicional “es un escándalo” por es “un abuso” y denunció que el aumento es un “acuerdo entre todos los bloques mayoritarios: el oficialismo, el radicalismo, el PRO, el FAP”, y agregó que

no se puede justificar de ninguna manera un aumento que vaya más allá de la media que discute de ajustes salariales el conjunto de los trabajadores. Es poco ético. Tras cartón, te digo que los sueldos de los legisladores, comparados con los del resto de la administración pública y con legisladores provinciales y municipales, está hiperretrasado. Un legislador provincial gana entre $25 y $30.000; un concejal, $20.000 o más; un director de repartición ministerial, entre $25 y $30.000; un juez federal gana $35-$40.000; un juez de la corte suprema gana $55-$60.000. Un ministro gana más de $40.000. Yo cobré de bolsillo $12.000. Jamás me quejé” (***).

Más allá del tema de los porcentajes, que es algo relativo, la cuestión es el monto real que queda. ¿Es mucho que ganen entre 28.000 y 35.000 pesos? ¿Cuánto deberían ganar?

La afirmación que los legisladores deben ganar lo mismo que un docente o un obrero es simpática y seguramente puede concitar mucha adhesión en la población. Pero bajo la apariencia de un mayor igualitarismo, lo que esconde es un profundo antidemocratismo y un apoyo a lo peor del liberalismo.

No puede extrañar que personajes que históricamente han sido progolpistas o simpatizantes de los gobiernos más reaccionarios y represores reclamen que los salarios de los legisladores no sea muy distinto a lo de un maestro o de un policía. Para ellos lo mejor sería que no existiera el parlamento. Y si existe, cuando más devaluado y desjerarquizado esté, mejor.

Lo curioso resulta que esa crítica se haga también en nombre de los obreros o del progresismo, desconociendo 175 años de historia de reivindicaciones obreras.

Antes de aparecer el socialismo, el marxismo, la socialdemocracia, el anarquismo o el comunismo como movimientos políticos, uno de los primeros movimientos de la clase obrera fue lo que se conoció como Cartismo.

Inglaterra era el país que más industrialmente desarrollado, y donde más se explotaba a los trabajadores. También fue uno de los países donde nace el movimiento obrero.

Así fue que en 1837 luego de numerosos mitines obreros por Inglaterra, con más de 1.200.000 firmas, se presenta ante el Parlamento un petitorio llamado “La Carta del Pueblo”, (The People's Charter), exactamente el 7 de junio de 1837.

No era un reclamo gremial ni salarial, ni sindical el que hacían. Por primera vez era un reclamo de participación política: los trabajadores exigían poder participar en política.

Por un lado querían tener derecho a votar, por lo que pedían el Sufragio Universal para hombres mayores de 21 años (Punto 1), que el voto fuera secreto, para evitar presiones y amenazas, (punto 2) y que se reorganizaran las circunscripciones de manera tal que la representación tuviera que ver con el número de votantes (Punto 5) (por ese entonces estaba lo que se llamaba los “burgos podridos”, donde un lugar con menos de 50 personas tenía la misma cantidad de representantes en el parlamento que una zona en la que vivían 100.000 (naturalmente en beneficio de la nobleza)

Pero no se conformaban con ese pedido. Querían también poder elegir sus propios representantes, por lo que incorporaron dos reivindicaciones claves: que se aboliera el requisito de tener una propiedad para asistir al parlamento (Punto 3) y que se le diese un sueldo anual a los diputados que posibilitara a los trabajadores el ejercicio de la política (Punto 4).

Porque hay algo que no debemos perder de vista. Los que tienen plata no tienen necesidad de una dieta. Si ya de por sí los sectores menos pudientes tienen menos posibilidad de alcanzar cargos importantes, ni pensar en cuál será su accionar con un sueldo como el nuestro. Porque claro, si la función de esos representantes se limita a ir cada tanto al parlamento a lamentarse o levantar la mano en uno u otro sentido, seguramente no habrá muchos gastos. Pero si como representante de sus elegidos acciona todos los días, organiza reuniones, se mueve de aquí para allá, elabora estrategias y tácticas para hacer crecer sus proyectos y política, salvo que tenga un partido fuerte que lo financie o sea financiado por grupos económicos, estará en total desventaja contra quienes tienen la sartén por el mango y el mango también.

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Y esto no va solo para los trabajadores o personas de ingresos medios o bajos. Supongamos que un profesional que tiene un buen ingreso mensual, con su familia, todo, debe dejar su trabajo para ser diputado. No puede continuar con su trabajo -a veces por transparencia, o por incompatibilidad ética-, básicamente porque el elector espera de él un compromiso total con el cargo y no como changa mientras hace su actividad privada. El obvio que el cargo público no debe complicarle su situación económica.

En 1992, cuando el salario mínimo estaba en menos de 80 dólares, el ministro Cavallo ganaba 1800 dólares de salario como funcionario. Y le preguntaron si le alcanzaba y muy suelto de cuerpo dijo que no. Manifestó que lo complementaba con U$S 8.200 que le pagaba la Fundación Mediterranea (una fundación auspiciada por varios grupos empresarios, entre otros Brida, Minetti, Arcor).

Que el salario de un legislador sea el mismo que un obrero calificado suena como algo igualitario pero es profundamente aristocrático y elitista. Es lo mismo que el amauterismo en el deporte, en particular en la Olimpíadas. El amauterismo fue un buen mecanismo para impedir el acceso de los sectores de menores recursos a la competencia pues claro, para participar de las mismas había que entrenar, dedicarle mucho tiempo y recursos y estos sólo estaban disponibles para los sectores ociosos, para los hijos de las clases dominantes.

Un ejemplo típico para ilustrar esto lo tenemos en uno de los atletas más grandes que ha conocido el mundo: el indio norteamericano James Francis Thorpe. En las Olimpíadas de Estocolmo de 1912, este muchacho de 24 años, llamado entre los suyos como Wa-Tho-Huck (Sendero Luminoso) ganó la competencia más importante, el pentatlón. Y por si fuera poco, ganó también el declatón, batiendo un récord mundial superando por casi 1000 puntos al anterior récord. La medalla se la entregó el Rey de Suecia, Gustavo, diciéndole “Señor, usted es el atleta más grande el mundo”

Seis meses después de tamaños éxitos, se lo descalificó retirándoles las medallas. ¿Motivo?. Hubo una denuncia que Thorpe jugó profesionalmente al beisbol dos años antes. Nunca se supo quién hizo la denuncia pero el Comité Olímpico de los EEUU lo interrogó y él reconoció que había jugado en un pequeño equipo de beisbol por el salario de 15 dólares semanales en el período 1909/10

“El Comité Olímpico Internacional le ordena a Thorpe devolver sus medallas de oro. Con enorme sufrimiento, se desprende de ellas. El COI proclama al noruego Ferdinand Bie y al sueco Hugo Wieslander ganadores de pentatlón y decatlón, respectivamente.

Los cita para entregarles las medallas de oro, pero los dos se niegan a recibirlas y dan a conocer su opinión: "Sería injusto tenerlas en nuestro poder. Thorpe nos superó limpiamente y estamos felices de nuestras medallas de plata. Las de oro pertenecen al más grande atleta del mundo". Un noble gesto que los dirigentes no fueron capaces de tener en su momento.” (ver más)


Claro, el racismo norteamericano no podía permitir que un indio fuera superior en algo y menos que tuviera tal reconocimiento internacional. Su final fue triste, fallece de cáncer en 1953, luego de vivir muchos años en la miseria y suplicando que le devolvieran sus medallas. Recién en 1983 el Comité Olímpico Internacional, 70 años después de los hechos y 30 años después del fallecimiento de Thorpe, reconoció que las medallas le pertenecían y se las entregó a los familiares. Un poco tarde, y por supuesto, luchas contra el racismo, por los Derechos Civiles, contra la guerra de vietnam, mediante.

El ejemplo viene al caso pues aquel amauterismo tiene la misma raíz que este planteo de que el salario de los legisladores debe ser el mismo que el de un maestro o un obrero calificado: darle la ventaja a los que más tienen, a los que viven de la renta de la tierra, de las propiedades o del capital, a los que viven del trabajo de otros.

No sé si la dieta actual es la que corresponde o si debería ser más baja. Sé que un piloto de avión gana tanto o más que las nuevas dietas. O que gerentes de Papel Prensa superan los 100.000 pesos mensuales, por poner dos ejemplos. También terminamos de leer que el mismo Pino Solanas reconoce que antes del aumento la dieta estaba hiperretrasada -son palabra suyas-.

Por otro lado, un buen salario -alto- no garantiza nada, ni una buena actividad del parlamentario, ni que sea una barrera contra los sobornos, los negociados. Si no recordemos en estos días al renunciante presidente de Alemania, Christian Wulff, de buen salario en marcos, acusado de sobornos y tráfico de influencias.

Tampoco me agrada contribuir a pagar ese sueldo -o el de antes- a legisladores que se han dedicado y dedican a defender los intereses de la grandes corporaciones y han votado en contra de todas las leyes que implicaban cambios al modelo neoliberal: desde su oposición a la ley de Educación Técnico Profesional, siguiendo por la ley de Asignación Obligatoria, de Matrimonio Igualitario, de Medios Audiovisuales, de oponerse a usar nuestros depósitos para pagar deudas contraídas por ellos y no seguir en el carnaval de más deudas y compromisos con el FMI y organismos internacionales. O que votaron a favor del desfinanciamiento del sistema jubilatorio. O se negaron a votar el Presupuesto Nacional al Ejecutivo, entre otras. No me gusta pagarles ese sueldo ni ninguno a ellos, pero son las reglas del juego. Mientras haya gente suficiente que los vote, tienen derecho a su lugar y a su dieta, aunque actúen en contra de lo que otros pensamos.

Creyendo dar pruebas de coherencia entre lo que pregonan y practican, en las declaraciones citadas el dirigente del PST y FI, cuestiona que

“estos políticos “fueran una casta política profesional que vive como los altos gerentes de las grandes empresas (...) Es evidente que después, cuando se tienen que votar las leyes, toman medidas que son favorables a las petroleras, a las mineras...” y destacó el ejemplo del diputado electo del Frente de Izquierda en la provincia de Neuquén, Alejandro López, quien está cobrando lo mismo que cobraba como obrero de Zanon, entregando el resto de la dieta para apoyar la lucha de distintos sectores de trabajadores como los estatales de Río Negro despedidos o los de la empresa Aqualic. “Estamos cumpliendo lo que el Frente de Izquierda planteó (...), que se va a percibir lo que uno obtiene en su lugar de trabajo, o lo mismo que un docente.” (**)

Si fuera coherente con lo que pregonan, dicho dirigente debería haber devuelto el dinero “de más”, sin embargo, lo usó impulsando su política, de la forma que él mejor cree que debe realizar su función, en este caso financiar grupos o luchas. Y está bien que así sea, pues es prerrogativa de cada legislador para qué usa su dieta y si da parte de la misma a otros, para hacer periódicos, volantes, financiar una olla popular, tener secretarios, tener muchas reuniones con mucha gente o pocas, pagar comidas, comparar alguna propiedad o auto.

Y va lo mismo para Solanas, si él considera que los 12.000 le alcanza y que el aumento no es ético, debería devolver al Estado lo que considera de más. Si no lo hace es mera demagogia, como algunos pocos otros, que cuestionan el aumento pero la platita la retiran.

En definitiva, está en los votantes valorar no en qué destina el legislador su dieta -siempre que sea lícito- sino en cuál es su desempeño político respecto al programa que ha afirmado defender, si ha activado o si ha calentado la silla o a propiciar sus negocios personales. Y en todo caso siempre está la opción de no reelegirlo o más raramente de pedir juicio político.

Cuando en la crítica a estos aumentos se señala que también otros asalariados deben ganar bien lo que se hace es mera demagogia. ¡Claro que la mayoría de los asalariados deberían ganar más de lo que ganan, el asunto es de dónde sale la plata para ello!. No es lo mismo pagar ese sueldo a 257 de nuestros representantes, que tienen a cargo junto a los senadores (72) uno de los tres Poderes de Argentina, que a 826.536 docentes (81 millones de dólares anuales contra 80.500 millones de dólares anuales a un sueldo de 33.000 pesos). Y ni hablar a todos los empleados públicos que reclamarían con justicia trato similar)

No obstante la mayoría de los salarios en Argentina deben mejorarse significativamente, y más aún, lograr que muchos que no tienen un salario consigan un trabajo y salario dignos. El asunto es como se avanza en ese sentido. Y cuando se planteó el tema de las retenciones móviles, que tenía que ver con comenzar con un cambio en redistribución del ingreso, toda esa gente se opuso. Lo mismo cuando se intentó bajar el costo del dinero pagado a la banca, esa gente propició el endeudamiento o alentó la suba inflacionaria y las corridas al dólar. O trataron de desfinanciar al Estado. Y cuando ofician de patrones, pedirán el aumento para otros, no para sus propios trabajadores y así sucesivamente. O pondrán en entredicho al gobierno nacional cuando tolera piquetes por reclamos de asalariados, despedidos o desocupados, mientras que apoyará cuando los cortes lo hacen los sectores pudientes, allí ya no son piquetes, sino reclamos de gente de bien que hay que apoyar. O los apoyos a los aumentos de precios agropecuarios, o tantos otros, que en definitiva bajan el salario real.

Ocurre que mejorar la distribución tanto del ingreso como de la riqueza, no es algo que se consigue por meras palabras o sólo con la lucha sindical. Justamente lo valioso que tenía aquel movimiento Cartista era plantear la necesidad de la acción política y en ese caso empezando con la parlamentaria. Por lo que volvemos a lo mismo: todo aquel que ha querido defender los privilegios y los grupos poderosos ha intentando devaluar la política y debilitar las instituciones representativas. Plantear una dieta igual al salario de un maestro o un policía forma parte de devaluar dichas instituciones y las funciones parlamentarias (aunque no necesariamente un aumento salarial implica valorar dichas instituciones y las funciones parlamentarias. Crea las condiciones para, pero no las garantiza automáticamente).

El PST, en su cuestionamiento, citando a Lenín, usa el planteo de Marx respecto a la Comuna de París, donde se establecía que se debían abolir los gastos de representación, los privilegios pecuniarios de los funcionarios y la reducción de los sueldos de los funcionarios al nivel de un salario de un obrero.

De nuevo estos muchachos tienen un error. No estamos hablando de un momento revolucionario, donde las masas obreras se organizan en Comunas y desde allí plantean el ejercicio del poder contra el poder burgués o de la nobleza. Como se recordará, por entonces, 1871, Francia y Alemania estaban en guerra entre sí. Estando el gobierno francés a punto de rendirse, en París se formó una milicia ciudadana y al tratar el gobierno francés de quitarle los cañones que habían comprado los parisinos para defender su ciudad, los obreros se alzan en armas y se organizan autogestionariamente. Y gobiernan París por 60 días. Los gobiernos Alemán y Francés hacen una tregua en la guerra para reprimir a los obreros parisienes y durante un mes de combate contra los comuneros, matan a más de 30.000 de ellos y eliminan la Comuna. Luego siguen su guerra...

Tampoco estamos en una sociedad que tiene un proceso revolucionario donde los grandes grupos económicos han sido expropiados y han perdido gran parte de su poder por lo cual las grandes desigualdades han sido abolidas o están en proceso de serlo.

Es lógico que en una democracia directa como aquella que se propiciaba en la Comuna de París o en situaciones de cambios revolucionarios se imponga la mayor igualdad, a terminar lo que allí son privilegios, etc. Pero aquí estamos hablando de un país en un mundo donde no hay una marea revolucionaria sino por el contrario en los principales países del mundo se siguen imponiendo las políticas neoliberales o socialdemócratas de ajuste, en un país con una democracia indirecta, donde el pueblo lamentablemente “no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes” (lo dice la Constitución), en un país aún dominado económicamente por grandes corporaciones nacionales e internacionales, que controlan los principales medios de comunicación, información y producción de información y conocimientos.

Pero cierta gente no sólo no percibe la realidad y sus implicancias, sino que padece un infantilismo y tiene una peculiar concepción de cómo se puede pasar de una sociedad capitalista a una socialista.

En su diario, el PST afirma que

“La completa elegibilidad y la revocabilidad en cualquier momento de todos los funcionarios sin excepción; la reducción de su sueldo a los límites del “salario corriente de un obrero”: estas medidas democráticas, sencillas y “evidentes por sí mismas”, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y de la mayoría de los campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo.”

En realidad la rebaja de los salarios de todos los funcionarios sin excepción al nivel del salario de un obrero sólo beneficia a quienes no necesitan de ese salario para hacer política, viajar dentro y fuera del país, propagandizar sus ideas, organizar sus equipos, es decir, es una forma de reproducir a la Inglaterra del 1850 aggiornada al siglo XXI. Es una forma de debilitar al Estado frente al mercado y las grandes corporaciones, algo que ya conocemos y sabemos a dónde conduce.

Conclusión:

Puede que la actual dieta entre 28.000 y 35.000 sea más que lo necesario, no lo sé. Ni siquiera sabía cuánto ganaban, pero hasta el mismo Solanas reconoció que la anterior dieta antes del aumento estaba “hiperretrasada”. En todo caso sería interesante analizar cuánto tendría que ser para garantizar poder cumplir sus funciones sin tener que andar pensando en otras fuentes de financiación. (Nota: El aumento establece que el ingreso de un legislador debía ser un 20% superior al del máximo cargo de dirección de los empleados del Congreso. También se dispuso una reducción del 21% en el beneficio por desarraigo)

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Pero si la sociedad hace un esfuerzo para pagar bien a sus legisladores, con mayor motivo aún lo más importante de todo es exigir a nuestros representantes que contribuyan a mejorar la distribución del ingreso, del conocimiento, de la palabra y de la riqueza. Y contribuir a que sean cada vez menos los legisladores que defienden el atraso, la injusticia, el status quo y las grandes corporaciones.

También se presenta como chocante que sean los propios legisladores (en acuerdo unámime entre los principales bloques) quienes definan su propio aumento. Peor es en el Poder Judicial, dicho sea de paso, donde se aumentan a sí mismos y no poco, y con ello toda una cadena de funcionarios y empleados atados a esos aumentos. Al menos los diputados deben acordar con el Ejecutivo el aumento y ambos son elegidos por el voto, el Poder Judicial no.  No obstante tiene su lógica que sean ambos poderes los que definan el aumento, previa aprobación del Presupuesto. ¿Quién si no? ¿La Sociedad Rural? ¿La UIA? ¿El FMI?

Sé que un escrito como el que hago, que no cuestione el aumento de las dietas, y en cierta manera lo defienda, concitará más críticas que otra cosa.

Aclaro, para evitar suspicacias, que no fui nunca legislador ni lo seré. Ni tengo ni he tenido ningún pariente o amigo legislador. Tampoco creo que puedan esperarse grandes cambios desde el Parlamento, con dietas altas o dietas bajas. Pero es lo que tenemos y hay que cuidarlo. Y sí sé los daños que han hecho a nuestro pueblo y a todos los pueblos del mundo los períodos donde el dominio del más fuerte es absoluto, donde las corporaciones controlan la vida económica, cultural y política de un país.

Y la principal herramienta y arma que existe para defenderse de los abusos y para producir un cambio social es la política. Y no me confundo. Que por muchos años hayamos tenido una casta política mayoritariamente sometida a los dictados de los dueños de las tierras y corporaciones, que muchos de los actuales legisladores y legisladoras han sido partícipes y cómplices de décadas de dominio neoliberal y que son ellos los principales responsables del descrédito de la política y de la prostitución de la función pública, no implica que aceptemos o toleremos como solución la antipolítica, el debilitamiento del Estado en desmedro del mercado y el capital financiero.

No nos engañemos. En la crítica a los aumentos de las dietas no se encuentra un mejoramiento a la representación popular o un cuestionamiento a los legisladores corruptos y serviles. Lo que se busca es debilitar el proceso de recuperación de la política que estamos viviendo gracias al empuje de Néstor Kirchner y Cristina Fernandez y de muchos más que desde el llano o desde alguna función contribuyeron o contribuyen a estos cambios.

Fernando J. Pisani

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Rosario - Argentina

Citas:

(*) Nelson Castro:

http://tn.com.ar/opinion/nelson-castro/00083177/aumento-de-dietas-a-legisladores-la-honestidad-tiene-precio

(**) PST/FI/Castillo: http://www.pts.org.ar/spip.php?article20032

(***) Cita de Pino Solanas http://www.gustavosylvestre.com/noticias/volvio-pino-solanas-y-disparo-contra-todos/

 

 

 


 

Martes, 21 Febrero 2012 13:35 por  Fernando J. Pisani