Buenos días a todos y todas (*)
Siento una cierta incomodidad al tener que hablar para este acto del 12 de octubre, por mi y por ustedes.
Ocurre que no está entre mis dones el de la hipocresía ni el de la diplomacia, por lo que lamento si lo que voy a decir causa alguna molestia a alguno de ustedes.
Pero parto de la base que estoy entre colegas docentes y quienes serán futuros colegas, y en una institución terciaria, por lo que no corresponde un acto escolarizado.

Son muchas las cosas buenas e importantes que hace la escuela y los docentes. Y es una de las pocas instituciones reivindicables. Pero ocurre que la conmemoración del 12 de octubre ha sido mejor ejemplo de lo que no tiene que ser la escuela y de lo que no tenemos que ser los docentes.

Particularmente sentí alegría el día que la presidente Cristina Fernandez anuló el decreto que promulgara Hipólito Yrigoyen, el 4 de octubre de 1917, donde declara el 12 de octubre como Fiesta Nacional, en conmemoración del descubrimiento de América, de la conquista (el genocidio perpetrado por los conquistadores) y que celebra “el vigor de la levadura de la sangre española” y establece que todo ello lo debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento.

Y es más que llamativo tal decreto justo en momentos cuando el mundo se desangraba por guerras colonialistas e imperialistas.

El 2016 está muy cerca y muy lejos. Tan cerca que lo que hagamos en los próximos meses será determinante para el futuro del país. Tan lejos que de aquí a las elecciones del 2015 pueden pasar muchísimas cosas, desde afuera y desde adentro, condicionando también nuestro destino.
A diferencia del 2001 cuando poco era lo que podíamos perder, salvo las cadenas, hoy podemos perder mucho, porque estamos recuperando conquistas, mejorando situaciones sociales, consiguiendo más justicia frente a diversas injusticias, y fundamentalmente tenemos la esperanza de seguir avanzado, corregir puntos débiles, errores, lik01 ico kuadernos.com.armitaciones, e incrementar las fuerzas para profundizar el cambio social tan necesario para conseguir una Argentina y un mundo mejor.
El fallo de la Corte Suprema de Justicia de EEUU representa un duro golpe contra la Argentina y contra las posibilidades soberanas de otros países. Y el panorama es incierto aún cuando se pueda descomprimir la situación creada.
Pero además, gracias al arbitrario fallo de la Corte en EEUU, una cuestión casi estructural aflora nuevamente con su enorme carga explosiva, que puede detonar en todo o en parte en los próximas meses o luego del 2015, según quién gane las elecciones.

El fallo de la Corte Suprema de Justicia de EEUU representa un duro golpe contra la Argentina.

Son muchas las cuestiones que el fallo provoca o puede provocar, todas perjudiciales para el pueblo argentino.

El fallo, en primer lugar del Juez norteamericano Griesa y luego de la Corte norteamericana, pone en jaque (se lo proponga o no) a las políticas económicas, sociales, educativas y culturales iniciadas por Néstor Kirchner y continuadas por Cristina Fernández.

Frente a ello no es una buena política desdramatizar el asunto, relativizarlo, decir “no es para tanto” y que “sólo hay que ganar un poco de tiempo hasta diciembre” (cuando ya los del 92% que acordó no puede intentar una vuelta atrás con el reclamo) o creer que se resuelve con intentar algún acercamiento con el juez.

Aquí hay mucho que está en juego. Mucho lo que peligra y la sombra del 2001 y de sus artífices comienzan a perfilarse como alternativa de recambio. Porque por supuesto es muy fácil salir de esta situación desde esa postura: pagar deuda con más deuda, recurrir al FMI como pedía Binner cuando la negociación del Club de París; “volver a los mercados de créditos” (como plantea el massismo, el peronismo Federal, el radicalismo, el socialismo y el macrismo), hacer algún nuevo mega o mini megacanje y volver a la situación pre 2001, a la fiesta para unos y la miseria absoluta para otros.

No le será fácil al gobierno nacional enfrentar la situación sin arriar alguna bandera. Y la pregunta principal es ¿lo hará?.

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 La temática del primer número incluye los siguientes artículos:PasionesyRazonesN1 mini

  • Violencia: no simplificar ni aceptar diagnósticos interesados

  • ¿Se puede ganar Santa Fe en el 2015? 

  • La importancia de la universidad en la lucha política

  • La construcción de la inseguridad

  • Dilemas de la militancia 

  • Inflación, el control de precios ¿dónde está la clave?

  • Ley de semillas, propiedad intelectual y politicas públicas

  • La corrupción: De la banalidad a su esencia

  • Diagnóstico estratégico del escenario internacional

  • Una clave fundamental de toda lucha: Disputar las denominaciones 

  • La necesidad del protagonismo del movimiento obrero organizado

  • Un cambio pendiente: le Ley de Servicios Financieros

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Santa Fe: ¿narcocomplicidad?
por Jueves, 27 Marzo 2014 08:31

Cuando durante los primeros años del gobierno del socialista Binner se evidenció un crecimiento de la violencia, la inseguridad, la impunidad y el narcotráfico, la primera conclusión que uno sacaba era que la política de este frente socialista-panradical no sabía cómo enfrentar esos problemas y que era impotente para manejar a toda la policía que tenía a sus órdenes.

 Así como se notaba su negligencia e indiferencia con temas como el educativo, donde seguía imponiendo a las escuelas la política neoliberal de los noventa, o su negligencia e indiferencia sobre enfrentar los problemas sociales-económicos estructurales de la provincia, era evidente su simpatía y sumisión con  los grandes grupos económicos y los grandes poseedores de tierras, y su gran servilismo al pool sojero y agroexportador. Entonces, muchos pensamos de buena fe que su conducta para con el delito organizado y las redes de contención y apañamiento a los sectores corruptos policiales y judiciales, se debía a que su soberbia y autismo era tan grande como su incapacidad y negligencia. Y que la provincia le quedaba grande. Se sabe que no hay peor cosa que un mono con una navaja.

 Nuestros pueblos están llenos de ejemplos históricos donde las minorías más poderosas, con sus lacayos de turno, atentan contra los intereses de la mayoría de la población, sin importarles el medio.

Así fue como un 31 de marzo de 1964 Brasil sufre un nuevo golpe militar y se instaura una dictadura que continúa hasta 1985. En ese entonces el presidente elegido democráticamente era João Goulart. Ocurría que Goulart, hijo de un terrateniente brasileño, tenia ideas demasiadas distintas a las de la oligarquía brasileña: consideraba necesaria una gran intervención del Estado, pensaba que los salarios mínimos debían ser más altos, impulsa una reforma agraria masiva, prioriza la salud popular y la educación, realizando un gran combate al analfabetismo, aumenta el impuesto a las rentas y exige a las empresas multinacionales que debían invertir sus ganancias en brasil.